Gran parte de las experiencias vividas en la infancia, son determinantes en la vida adulta. El apego es el vínculo afectivo más profundo, importante y significativo que desarrollan los seres humanos a lo largo de la vida. Este vínculo afectivo se caracteriza por su estabilidad y durabilidad en el tiempo, es por esta razón, que se relaciona con la relación de afecto que se forma entre padres e hijos y entre las parejas.

Cuando se piensa en el apego, generalmente la idea se reduce, al vínculo generado entre madre e hijo en el periodo de lactancia, pero el apego es mucho más que eso. En el caso de la primera infancia, el apego se construye, además de por los lazos afectivos, en la forma en que los adultos responden a las necesidades de los niños y niñas.

Es en los momentos de mayor dificultad, en los periodos de frustración de los niños, que el apego se pone a prueba. Dependiendo de cómo se atienden aquellas demandas, de cómo se reacciona cuando los niños lloran o frente a las necesidades que presenten, es como se desarrollará el apego en su expresión más significativa.

Si frente al llanto de un niño, el adulto se frustra, grita o elige ignorarlo, no se construirá una verdadera relación de apego. Esto será perjudicial para los niños y tendrá consecuencias en su adultez. Cuando la relación de apego generada no es fuerte, los niños crecen teniendo un grado de desconfianza, debido a que en sus momentos de necesidad, no contaron con el respaldo y cariño de otro que velara por su cuidado y protección.

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Es por esto, que la relación de apego trasciende, a solo ser una relación de cariño. Puede que existan espacios de contacto con los niños, pero si no se reacciona correctamente cuando ellos necesitan al adulto, esa relación de afecto no será suficiente.

La real expresión del apego, es la forma en las necesidades de niñas y niños son calmadas durante su crecimiento. El apego es una necesidad biológica, los seres humanos necesitan sentirse queridos, necesita la atención y comprensión de otros.

Lo que experimentemos en nuestra infancia, permitirá construir nuestra forma de ser en la adultez. Es a través del apego, que los niños desarrollan su seguridad, su autoestima, su autonomía y la forma en que se relacionaran con su entorno.

Para fortalecer el vínculo del apego es necesario desarrollar conexión y comprensión afectiva, en relación a las necesidades de nuestras niñas y niños, debemos trabajar la habilidad para entenderlos y no juzgarlos. Es importante tener en cuenta la empatía, reconociendo que son niños, que viven y siente de manera distinta a nosotros los adultos, y sobre todo tener en cuenta la necesidad de afecto y cariño incluso en los momentos de mayor dificultad para nosotros.




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